Oncología
El tabaquismo pasivo provoca 1,6 millones de muertes al año: el humo del tabaco también mata a quienes no fuman
Más de 2.700 millones de personas en todo el mundo siguen expuestas al humo de segunda mano, entre ellas 767 millones de menores de 15 años. Un estudio internacional alerta sobre las graves consecuencias de esta exposición para la salud y su relación con diferentes tipos de cáncer y enfermedades cardiovasculares.
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El tabaco continúa siendo una de las principales amenazas para la salud pública mundial, incluso para aquellas personas que nunca han fumado. El llamado tabaquismo pasivo, provocado por la inhalación involuntaria del humo procedente de los cigarrillos de otras personas, causa cada año millones de problemas de salud y un elevado número de fallecimientos.
Un estudio publicado en la revista científica The Lancet Public Health estima que, durante 2023, aproximadamente 1,6 millones de personas murieron como consecuencia de la exposición al humo de segunda mano. Además, esta exposición provocó la pérdida de 44,8 millones de años de vida saludable en todo el planeta.
Las cifras reflejan la dimensión de un problema que sigue afectando a más de 2.700 millones de personas, incluidos 767 millones de niños menores de 15 años.
Menos exposición, pero millones de personas siguen en riesgo
Las políticas de prevención y las restricciones para fumar en espacios públicos han conseguido reducir la exposición al humo del tabaco durante las últimas décadas.
En 1990, aproximadamente el 43,6 % de la población mundial estaba expuesta al humo de segunda mano. En 2023, este porcentaje había descendido hasta el 33,9 %, lo que representa una reducción relativa del 22,2 %.
Sin embargo, el número absoluto de personas afectadas ha aumentado. Mientras que en 1990 se estimaban unos 2.380 millones de personas expuestas, en 2023 la cifra alcanzaba los 2.710 millones.
Este incremento demuestra que las mejoras en prevención todavía no son suficientes para compensar el crecimiento de la población mundial.
Los niños, uno de los colectivos más vulnerables
Uno de los aspectos más preocupantes del estudio es la exposición de los menores al humo del tabaco.
En 2023, unos 767 millones de niños menores de 15 años respiraban humo de segunda mano. Muchos de ellos están expuestos principalmente dentro de sus propios hogares, donde conviven con personas fumadoras.
Los menores son especialmente vulnerables porque sus organismos todavía están en desarrollo y no pueden decidir ni controlar el ambiente en el que viven.
La exposición continuada al humo del tabaco aumenta el riesgo de padecer infecciones respiratorias, asma, otitis y otras complicaciones que pueden afectar a su desarrollo y bienestar.
Por este motivo, los especialistas insisten en la importancia de mantener los hogares y los vehículos completamente libres de humo.
El tabaquismo pasivo también está relacionado con el cáncer
La inhalación involuntaria del humo del tabaco no es una exposición inocua. Contiene sustancias tóxicas y carcinógenas capaces de incrementar el riesgo de desarrollar diferentes enfermedades.
Entre las patologías relacionadas con el tabaquismo pasivo se encuentran:
- Cáncer de pulmón: la exposición prolongada al humo ajeno incrementa el riesgo de desarrollar esta enfermedad.
- Enfermedades cardiovasculares: aumenta la probabilidad de sufrir cardiopatía isquémica y otros problemas circulatorios.
- Ictus: el humo del tabaco también está relacionado con un mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares.
- EPOC: puede contribuir al desarrollo y agravamiento de enfermedades respiratorias crónicas.
- Cáncer de mama: el estudio también contempla esta enfermedad entre las patologías relacionadas con la exposición al humo de segunda mano.
- Infecciones respiratorias: especialmente preocupantes durante la infancia.
Los investigadores estiman que la cardiopatía isquémica fue la principal causa de muerte atribuida al tabaquismo pasivo en 2023, con aproximadamente 537.000 fallecimientos. Le siguieron la EPOC, con 354.000 muertes; el ictus, con 278.000; las infecciones respiratorias bajas, con 185.000, y el cáncer de pulmón, con 161.000.
España tampoco está libre del problema
Los datos del estudio sitúan a España en torno al 30 % de población expuesta al humo de segunda mano durante 2023, una cifra ligeramente inferior a la media mundial.
Sin embargo, la situación entre los menores resulta especialmente preocupante. La estimación de exposición en niños menores de 15 años alcanza aproximadamente el 51 %, lo que representa más de tres millones de menores.
Además, las muertes atribuidas al tabaquismo pasivo en España rondarían las 8.000 durante ese mismo año.
Los especialistas recuerdan que no existe un nivel seguro de exposición al humo del tabaco. Incluso cuando una persona no fuma directamente, respirar el humo de otras personas puede tener consecuencias importantes para su salud.
La prevención y los espacios sin humo son fundamentales
Los expertos coinciden en que reducir el tabaquismo pasivo requiere mantener y ampliar las medidas de protección de la población.
Entre las principales actuaciones destacan:
- Ampliar los espacios públicos y privados libres de humo.
- Reforzar las campañas de concienciación sobre los riesgos del tabaco.
- Limitar la publicidad y promoción de productos relacionados con el consumo de tabaco.
- Aplicar medidas fiscales que reduzcan el consumo.
- Proteger especialmente a los niños y a las personas que conviven con fumadores.
- Incorporar medidas de prevención frente a los aerosoles procedentes de los dispositivos de vapeo.
La prevención no debe centrarse únicamente en las personas fumadoras. También debe garantizar que quienes no consumen tabaco puedan vivir, trabajar y relacionarse en entornos saludables.
Proteger la salud también significa proteger a quienes nos rodean
El tabaquismo pasivo demuestra que las consecuencias del consumo de tabaco van mucho más allá de la persona que enciende un cigarrillo.
Millones de personas siguen respirando involuntariamente sustancias perjudiciales, muchas veces en espacios cotidianos como sus hogares, lugares de trabajo o entornos sociales.
Reducir esta exposición es una responsabilidad colectiva que requiere información, educación sanitaria, prevención y políticas de protección eficaces.
La lucha contra el tabaco no consiste únicamente en dejar de fumar, sino también en evitar que el humo perjudique la salud de quienes nos rodean.