Oncología
El azúcar agrava el daño de los antibióticos en la flora intestinal de pacientes con cáncer y puede perjudicar su supervivencia
Un estudio científico revela que el consumo elevado de azúcar durante los tratamientos con antibióticos puede aumentar el deterioro de la microbiota intestinal y asociarse a peores resultados en pacientes sometidos a trasplantes de médula ósea.
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El intestino alberga millones de bacterias que desempeñan funciones esenciales para el organismo, desde facilitar la digestión hasta contribuir al correcto funcionamiento del sistema inmunitario. Este conjunto de microorganismos, conocido como microbiota intestinal, tiene un papel cada vez más relevante en la salud y también en la evolución de determinadas enfermedades.
En los últimos años, diferentes investigaciones han demostrado que los desequilibrios en la microbiota pueden estar relacionados con diversos problemas de salud. En el ámbito de la oncología, conservar una flora intestinal equilibrada está adquiriendo especial importancia, especialmente en pacientes que reciben tratamientos intensivos.
Un estudio realizado por investigadores del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, la Universidad de Nueva York y otros centros estadounidenses, publicado en la revista Nature, ha identificado una relación entre el consumo elevado de azúcar, el uso de antibióticos y el deterioro de la diversidad bacteriana intestinal.
La investigación se centró en pacientes con cánceres de la sangre que tuvieron que someterse a tratamientos de quimioterapia, radioterapia y trasplantes de médula ósea. Durante estos procesos, los pacientes recibieron antibióticos para prevenir o combatir infecciones, lo que provocó una importante alteración de su microbiota.
Los resultados mostraron que quienes consumían mayores cantidades de alimentos azucarados durante el tratamiento con antibióticos presentaban una mayor pérdida de diversidad bacteriana. Este desequilibrio favorecía la proliferación de microorganismos oportunistas capaces de provocar complicaciones.
Entre las bacterias que aprovecharon esta situación destaca Enterococcus faecium, un microorganismo que puede aumentar el riesgo de infecciones sanguíneas y otras complicaciones graves en pacientes inmunodeprimidos.
Los investigadores también realizaron experimentos con ratones para estudiar este mecanismo. Observaron que la combinación de antibióticos y sacarosa favorecía considerablemente la expansión de los enterococos en el intestino.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que la pérdida de diversidad de la microbiota ya se había relacionado anteriormente con una mayor mortalidad después de los trasplantes de médula ósea. Por ello, los investigadores consideran que la alimentación podría desempeñar un papel importante en la recuperación de estos pacientes.
Los especialistas señalan que estos resultados abren nuevas posibilidades para mejorar el cuidado nutricional durante los tratamientos oncológicos. No obstante, todavía es necesario realizar más investigaciones para determinar qué recomendaciones dietéticas pueden aplicarse con seguridad y eficacia.
El estudio también pone de manifiesto la importancia de seguir investigando la relación entre alimentación, microbiota intestinal y tratamientos contra el cáncer. Comprender cómo influyen los hábitos alimentarios en la respuesta del organismo puede ayudar a desarrollar estrategias complementarias para mejorar la atención de los pacientes.
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La alimentación y la salud intestinal se perfilan como factores importantes en la atención oncológica. Aunque todavía quedan cuestiones por investigar, preservar el equilibrio de la microbiota podría convertirse en una línea de trabajo relevante para mejorar la recuperación y la calidad de vida de las personas que afrontan tratamientos contra el cáncer.