Oftalmología
Ojo seco en septiembre: por qué la vuelta a las pantallas puede empeorar la salud ocular
El verano deja huella en nuestros ojos y la vuelta al trabajo y al colegio puede intensificar las molestias
Septiembre marca el regreso a la rutina después de las vacaciones. Volvemos a la oficina, al colegio, a las clases y a pasar muchas horas frente a ordenadores, teléfonos móviles y otros dispositivos digitales. Para nuestros ojos, este cambio puede suponer un auténtico desafío.
Uno de los problemas más frecuentes que aparece o se intensifica después del verano es el síndrome de ojo seco, una alteración de la superficie ocular que puede provocar escozor, sensación de arenilla, irritación, visión borrosa o cansancio visual.
Según especialistas de OftalDex, el Servicio de Oftalmología del Hospital Universitario Dexeus, septiembre es un momento especialmente adecuado para prestar atención a estos síntomas y valorar una revisión oftalmológica si las molestias persisten.
El verano también afecta a nuestros ojos
Durante los meses de verano, los ojos están expuestos a diferentes factores que pueden alterar la película lagrimal.
El cloro de las piscinas, la radiación ultravioleta, el viento, la arena de la playa y las altas temperaturas pueden favorecer la evaporación de la lágrima y provocar irritación de la superficie ocular.
A esto se suma el uso frecuente de aire acondicionado y ventiladores. Estos sistemas reducen la humedad ambiental o generan corrientes de aire que aceleran la evaporación de la película lagrimal.
El resultado puede ser una sensación de ojos secos, rojos o cansados que muchas personas atribuyen simplemente al final del verano.
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¿Por qué las pantallas empeoran el ojo seco?
La vuelta al trabajo y a los estudios introduce otro factor de riesgo: las pantallas.
Cuando permanecemos concentrados frente a un ordenador, una tableta o un teléfono móvil, tendemos a parpadear menos. Este descenso de la frecuencia del parpadeo hace que la superficie ocular permanezca más tiempo expuesta y favorece la evaporación de la lágrima.
Después de varias horas pueden aparecer síntomas como:
- Sensación de arenilla o cuerpo extraño.
- Picor y escozor.
- Ojos rojos.
- Sensación de pesadez ocular.
- Visión ligeramente borrosa.
- Dificultad para mantener la concentración.
- Cansancio visual y dolor de cabeza.
Uno de los problemas del ojo seco es precisamente que sus síntomas pueden ser relativamente leves al principio. Por ello, muchas personas terminan acostumbrándose a ellos y no consultan a un especialista.
El ojo seco no es simplemente tener los ojos secos
El síndrome de ojo seco es una enfermedad que afecta a la película lagrimal y a la superficie del ojo.
La lágrima cumple una función fundamental: lubrica, protege y mantiene en buenas condiciones la superficie ocular. Para conseguirlo, debe existir un equilibrio adecuado entre sus diferentes componentes.
Cuando este equilibrio se altera, la lágrima puede evaporarse demasiado rápido o producirse en una cantidad insuficiente. Como consecuencia, aparecen molestias y, en algunos casos, inflamación de la superficie ocular.
Por eso, el ojo seco no debe considerarse únicamente una molestia pasajera cuando los síntomas son frecuentes o persistentes.
¿Quién tiene más riesgo?
Aunque tradicionalmente el ojo seco se ha relacionado con edades más avanzadas, cada vez afecta también a personas jóvenes debido, entre otros factores, al uso intensivo de dispositivos digitales.
Las personas que ya padecen ojo seco deben prestar especial atención durante los meses de calor y durante la vuelta a la rutina, ya que la combinación de altas temperaturas, aire acondicionado y pantallas puede intensificar las molestias.
También es importante extremar las precauciones cuando existen otras enfermedades oculares o cuando se siguen tratamientos oftalmológicos de forma habitual.
Cómo cuidar los ojos durante la vuelta a la rutina
Pequeños cambios en los hábitos diarios pueden ayudar a reducir las molestias y proteger la superficie ocular.
1. Descansa periódicamente de las pantallas
Evita mantener la mirada fija durante largos periodos. Realizar pausas frecuentes permite descansar la vista y favorecer el parpadeo.
2. Parpadea conscientemente
Cuando trabajamos frente a una pantalla, podemos reducir involuntariamente la frecuencia de parpadeo. Recordarnos de vez en cuando que debemos parpadear ayuda a mantener la superficie ocular lubricada.
3. Evita que el aire acondicionado incida directamente sobre los ojos
Las corrientes de aire aceleran la evaporación de la lágrima. Siempre que sea posible, evita situarte directamente frente a la salida del aire.
4. Mantén una buena hidratación
Beber suficiente agua es importante para la salud general y también contribuye al mantenimiento de una adecuada hidratación del organismo.
5. Utiliza gafas de sol con protección UV
La radiación ultravioleta puede dañar diferentes estructuras oculares. Las gafas de sol homologadas y con filtros adecuados ayudan a proteger los ojos durante la exposición solar.
6. Consulta antes de utilizar cualquier tratamiento
Las lágrimas artificiales pueden ser útiles para determinadas personas con síntomas de sequedad ocular, pero su elección debe adaptarse a las características de cada caso. Si las molestias son frecuentes, lo recomendable es consultar con un oftalmólogo.
Septiembre, un buen momento para revisar nuestra salud visual
La vuelta al colegio y al trabajo es también una oportunidad para recuperar hábitos saludables y prestar atención a síntomas que durante las vacaciones pueden haber pasado desapercibidos.
Una revisión oftalmológica puede ayudar a determinar si las molestias corresponden a un episodio puntual de sequedad ocular o si existe un problema que necesita tratamiento.
La detección temprana es especialmente importante cuando los síntomas se mantienen en el tiempo. Normalizar el escozor, la sensación de arenilla o la visión borrosa no significa que debamos ignorarlos.
El ojo seco también afecta a nuestra calidad de vida
La salud visual influye directamente en nuestra capacidad para trabajar, estudiar, conducir y realizar actividades cotidianas.
Por eso, cuidar los ojos no debería limitarse a corregir los problemas de visión. También implica proteger la superficie ocular, controlar los factores ambientales y prestar atención a las señales que nos envía nuestro organismo.
Septiembre puede ser el momento perfecto para recuperar una rutina de cuidado visual: menos exposición continuada a las pantallas, más descansos, una correcta hidratación, protección frente al sol y, cuando sea necesario, una revisión profesional.
Nuestros ojos también necesitan volver de vacaciones. Y escucharlos a tiempo puede evitar que una pequeña molestia termine convirtiéndose en un problema crónico.
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