Pediatría
Escuela infantil de 0 a 3 años: beneficios para el desarrollo de los niños y la importancia de las ratios
¿Qué beneficios tiene la escuela infantil para los niños?
La escuela infantil de 0 a 3 años representa para muchas familias el primer contacto de sus hijos con un entorno educativo fuera del hogar. Durante esta etapa, los niños todavía dependen en gran medida de los adultos y necesitan una atención especialmente cercana para responder a sus necesidades.
Por este motivo, una de las cuestiones que está cobrando especial importancia es el número de niños que hay por aula y la capacidad de los profesionales para ofrecer una atención individualizada y sensible.
Pediatría y desarrollo infantil en LlaveTV
La salud y el desarrollo durante los primeros años de vida generan numerosas preguntas entre las familias.
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En este espacio de LlaveTV encontrarás contenidos relacionados con la infancia y la salud de los más pequeños, que pueden servir como complemento informativo para madres, padres y familias.
La información divulgativa no sustituye, en cualquier caso, la valoración individual de un pediatra o profesional sanitario.
La Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Sociedad Española de Pediatría Social (SEPS) han reclamado que se acelere la reducción progresiva de las ratios en las escuelas infantiles, una medida planteada por el Ministerio de Educación cuya aplicación está prevista de manera escalonada entre los cursos 2027-2028 y 2029-2030.
La cuestión va mucho más allá de la organización de las aulas. Durante los primeros tres años de vida se establecen importantes bases relacionadas con el desarrollo cognitivo, el lenguaje, la regulación emocional y las habilidades sociales.
Los primeros tres años: una etapa clave para el desarrollo infantil
Entre los 0 y los 3 años se produce una etapa de gran plasticidad cerebral.
Durante este periodo, los niños desarrollan numerosas capacidades y establecen las primeras relaciones con las personas que les rodean.
Por eso, la calidad de las experiencias cotidianas puede tener especial relevancia.
No se trata únicamente de aprender determinados contenidos. También es importante que el niño pueda:
- Establecer vínculos con los adultos que le cuidan.
- Desarrollar progresivamente el lenguaje.
- Aprender a expresar y regular sus emociones.
- Interactuar con otros niños.
- Explorar su entorno.
- Recibir respuestas adecuadas a sus necesidades.
- Desarrollar habilidades sociales.
En este contexto, la escuela infantil puede desempeñar una función que va más allá de la educación entendida en sentido estricto.
La escuela infantil también puede favorecer el desarrollo y la salud
Según el planteamiento recogido en el artículo, las escuelas infantiles pueden constituir también una herramienta de promoción de la salud y del desarrollo infantil.
La doctora Miriam de Nazaret García del Saz, miembro de la SEPS y responsable de la consulta de Pediatría Social del Hospital Universitario Fundación Alcorcón, destaca la importancia de que los profesionales tengan tiempo y capacidad para establecer interacciones frecuentes y de calidad con cada niño.
Esta atención resulta especialmente relevante durante los primeros años, cuando muchas necesidades todavía no pueden expresarse mediante palabras.
¿Por qué es tan importante reducir el número de niños por aula?
El número de menores que comparten una misma aula puede condicionar la capacidad de los profesionales para responder individualmente a cada uno.
Un grupo más reducido facilita, según la AEP y la SEPS, una atención más personalizada y permite responder con mayor rapidez a las señales que emite cada niño.
En la actualidad, las ratios máximas autorizadas en España durante el primer ciclo de Educación Infantil suelen situarse, aunque con diferencias entre comunidades autónomas, en:
- Hasta 8 bebés por aula entre 0 y 1 años.
- Hasta 14 niños entre 1 y 2 años.
- Hasta 20 niños entre 2 y 3 años.
La propuesta planteada por el Ministerio contempla una reducción progresiva hasta:
- 4 menores por aula entre 0 y 1 años.
- 6 menores entre 1 y 2 años.
- 8 menores entre 2 y 3 años.
La diferencia entre unas cifras y otras puede tener consecuencias sobre la capacidad de los profesionales para prestar una atención individualizada.
Los bebés necesitan una atención especialmente sensible
Durante los primeros meses de vida, los bebés todavía no pueden explicar verbalmente qué necesitan.
Su comunicación se basa en buena medida en señales como:
- El llanto.
- Los gestos.
- Los movimientos.
- Las expresiones faciales.
- Los cambios en el comportamiento.
El adulto debe interpretar esas señales y responder adecuadamente.
Cuando existen grupos muy numerosos, esta tarea puede resultar más compleja. Por el contrario, una ratio más reducida facilita que los profesionales puedan observar mejor a cada bebé y responder con mayor rapidez.
El «cuidado cariñoso y sensible» y el desarrollo infantil
La evidencia científica identifica el denominado «cuidado cariñoso y sensible» o nurturing care como un elemento importante para el desarrollo durante los primeros años.
Este concepto integra diferentes aspectos relacionados con el bienestar infantil, entre ellos:
- Salud.
- Nutrición.
- Protección.
- Cuidado responsivo.
- Capacidad del adulto para interpretar las señales del niño.
- Respuesta adecuada a sus necesidades.
- Oportunidades de aprendizaje temprano.
Por tanto, el entorno en el que se desarrolla la actividad de una escuela infantil no debería analizarse únicamente desde una perspectiva educativa.
También resulta importante observar la calidad de las interacciones entre niños y adultos.
Una ratio más baja puede favorecer el lenguaje y la regulación emocional
Según el contenido recogido por la AEP, los grupos más reducidos pueden facilitar diferentes aspectos del desarrollo infantil.
Entre ellos se encuentran el desarrollo del lenguaje, la regulación emocional y la creación de vínculos seguros.
Además, una atención más individualizada puede ayudar a detectar de manera más temprana posibles dificultades del desarrollo.
Esto resulta especialmente relevante durante una etapa en la que los niños cambian rápidamente y adquieren nuevas habilidades en periodos relativamente cortos.
Las actividades cotidianas también son oportunidades de aprendizaje
La alimentación, el descanso, el juego y la comunicación forman parte de la rutina diaria de una escuela infantil.
Pero estas actividades también pueden convertirse en momentos importantes para el desarrollo.
Durante una comida, por ejemplo, el niño puede interactuar con el adulto, desarrollar progresivamente su autonomía y comunicarse.
Durante el juego puede explorar, experimentar y relacionarse.
Durante los momentos de descanso necesita sentirse seguro y acompañado.
Por eso, la ratio de una escuela infantil no afecta únicamente a la organización del aula, sino también a la posibilidad de que los profesionales puedan acompañar adecuadamente estas experiencias cotidianas.
¿Qué ratios recomienda la evidencia internacional?
La propuesta española se aproxima a las ratios consideradas adecuadas por diferentes organizaciones y estudios internacionales citados en el artículo.
La Academia Americana de Pediatría, la Asociación Americana de Salud Pública y estudios desarrollados por el National Institute of Child Health and Human Development recomiendan no superar determinadas cifras de menores por profesional.
Entre las referencias recogidas se encuentran:
- Entre 3 y 4 lactantes por profesional.
- Entre 4 y 6 niños por profesional durante el primer y segundo año de vida.
Para la AEP y la SEPS, avanzar hacia grupos más reducidos permitiría acercarse a un modelo en el que los profesionales dispongan de más tiempo para cada niño y puedan establecer interacciones de mayor calidad.
Escuela infantil, familia y desarrollo: una responsabilidad compartida
La educación y el cuidado durante los primeros años no dependen exclusivamente de la escuela infantil.
Las familias desempeñan también un papel fundamental en el desarrollo de los niños.
La coordinación entre los diferentes ámbitos que rodean al menor —familia, escuela, sanidad y servicios sociales— puede contribuir a crear entornos más seguros y sensibles.
Desde esta perspectiva, las políticas relacionadas con la primera infancia tienen también una dimensión social.
La educación infantil como herramienta de equidad
La AEP y la SEPS señalan además la importancia de mejorar la calidad de la educación y los cuidados durante los primeros años como una posible herramienta para favorecer la salud y la equidad.
El artículo recoge estudios internacionales según los cuales la inversión en primera infancia puede generar importantes retornos sociales y económicos relacionados con aspectos como:
- Salud.
- Aprendizaje.
- Inclusión social.
- Oportunidades futuras.
La cifra mencionada en el contenido original sitúa ese retorno entre 8 y 19 veces la inversión inicial, según los estudios internacionales recogidos.
Entornos seguros y emocionalmente sensibles
Más allá del número concreto de niños por aula, existe otro elemento fundamental: las condiciones en las que se desarrolla la actividad educativa.
La AEP y la SEPS consideran prioritario avanzar hacia:
- Entornos seguros.
- Espacios emocionalmente sensibles.
- Ratios basadas en evidencia científica.
- Acceso equitativo a servicios de educación infantil de calidad.
- Mayor coordinación entre los ámbitos sanitario, educativo y social.
El objetivo es que los profesionales puedan disponer del tiempo y de las condiciones necesarias para atender adecuadamente a cada menor.
¿Es beneficiosa la escuela infantil para todos los niños?
La cuestión de la escolarización temprana puede generar dudas entre las familias.
El contenido de referencia pone el foco en la calidad del cuidado y de la atención, más que únicamente en el hecho de acudir o no a una escuela infantil.
Una escuela con profesionales preparados, grupos adecuados y capacidad para ofrecer una atención sensible puede proporcionar oportunidades de interacción, aprendizaje y desarrollo.
Pero las necesidades de cada familia y de cada niño pueden ser diferentes.
Por ello, al valorar una escuela infantil conviene prestar atención no solo a las instalaciones, sino también a aspectos relacionados con los profesionales, las ratios, la atención individualizada, la seguridad y la forma de acompañar las necesidades emocionales de los menores.
Qué deberían valorar las familias al elegir una escuela infantil
A la hora de elegir una escuela infantil para un bebé o un niño pequeño, las familias pueden informarse sobre diferentes aspectos.
Entre ellos:
Número de niños por aula
Conocer la ratio permite saber cuántos menores tendrá que atender cada profesional.
Atención individualizada
Es importante conocer cómo se atienden las necesidades particulares de cada niño, especialmente en alimentación, descanso, higiene y comunicación.
Profesionales
La preparación y experiencia de las personas encargadas de cuidar y educar a los menores constituye otro elemento relevante.
Entorno emocional
La manera en la que los profesionales responden al llanto, al miedo, a la frustración o a las necesidades de contacto también forma parte de la calidad del cuidado.
Comunicación con las familias
Una comunicación fluida entre la escuela y los padres puede facilitar el seguimiento del desarrollo y de las necesidades del niño.
Psicología infantil y desarrollo emocional
El desarrollo durante los primeros años también está estrechamente relacionado con las emociones, los vínculos y las relaciones que los niños establecen con su entorno.
En Psicología: canales, vídeos y artículos | LlaveTV puedes encontrar contenidos relacionados con psicología, emociones, comportamiento y bienestar.
Comprender el desarrollo emocional puede ayudar a las familias a acompañar mejor algunas de las situaciones habituales de la infancia.
La importancia de cuidar los primeros años
Los primeros tres años constituyen una etapa de enormes cambios en la vida de un niño.
La escuela infantil puede formar parte de ese proceso cuando las familias optan por ella, pero la cuestión fundamental no es únicamente cuántos niños hay en un aula, sino cómo se les cuida, cómo se responde a sus necesidades y qué calidad tienen las interacciones con los adultos.
La reclamación de la AEP y la SEPS pone precisamente el foco en esta cuestión: disponer de ratios que permitan a los profesionales dedicar tiempo suficiente a cada menor.
Reducir el número de niños por aula puede facilitar una atención más individualizada, favorecer interacciones de mayor calidad y mejorar las posibilidades de detectar determinadas necesidades durante una etapa especialmente importante para el desarrollo.
En definitiva, cuidar la primera infancia significa prestar atención tanto a la educación como a la salud, la nutrición, la protección, las relaciones y el bienestar emocional de los niños.