Sensualidad
El deseo no caduca: por qué es un mito que los mayores pierden el interés sexual
La evidencia científica de los últimos años dibuja un panorama claro: la sexualidad no se apaga con los años, se transforma
Cuando se piensa en la vejez, casi nunca se piensa en el deseo. La imagen social de las personas mayores suele estar despojada de cuerpo, de piel y de erotismo. Sin embargo, la evidencia científica de los últimos años dibuja un panorama muy distinto: la sexualidad no se apaga con los años, se transforma.
Los investigadores hablan de “edadismo sexual”, es decir, la suposición generalizada de que las personas mayores no sienten, no desean o no deberían desear. Durante mucho tiempo, el envejecimiento se ha asociado a la pérdida del interés sexual y se ha considerado la sexualidad como un territorio exclusivo de la juventud.
Pero esta visión no se corresponde con la realidad.
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Los prejuicios también afectan a la salud
El prejuicio hacia la sexualidad en la vejez no es inocuo. Diversas investigaciones han encontrado relaciones entre los mitos y las actitudes negativas sobre la sexualidad y determinados indicadores de bienestar y salud mental en las personas mayores.
La falta de referentes y el silencio social pueden hacer que muchas personas mayores interioricen la idea de que expresar deseo, buscar intimidad o mantener relaciones sexuales no corresponde a su edad.
Y cuando una sociedad deja de hablar de una realidad, también puede contribuir a invisibilizarla.
Lo que dicen los datos
La investigación reciente desmiente la idea de una vejez asexuada. Los estudios sobre sexualidad en personas mayores muestran que la actividad sexual puede mantenerse durante esta etapa de la vida y que factores como la satisfacción con la pareja y la importancia que cada persona concede al sexo pueden estar relacionados con una mayor actividad sexual.
Además, la sexualidad en las parejas mayores de 60 años no tiene por qué responder al mismo modelo que durante la juventud. La intimidad puede adoptar diferentes formas y no tiene que reducirse exclusivamente a las relaciones genitales.
No es ausencia, es transformación
Hablar de sexualidad en la vejez exige ampliar nuestra propia definición de sexualidad.
El deseo, la ternura, la caricia, la complicidad y el erotismo no desaparecen necesariamente con la edad. Pueden transformarse y encontrar nuevas formas de expresión cuando el cuerpo cambia.
La disminución de determinadas funciones físicas o de la respuesta genital no equivale a la desaparición del interés o del placer sexual.
Envejecer no significa dejar de desear. Significa, en muchos casos, descubrir nuevas maneras de vivir la intimidad.
❤️ Sexualidad y bienestar no tienen edad
Romper los estereotipos sobre la sexualidad en la madurez también significa hablar con naturalidad sobre el deseo, las relaciones, la intimidad, el bienestar y la autoestima.
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El peso de la cultura y la sociedad
La represión social es otro de los factores que pueden condicionar la forma en que las personas mayores viven su sexualidad. Las normas heredadas de la familia, la cultura, la religión y el entorno pueden llevar a algunas personas a ocultar o reprimir sus deseos.
El problema también puede encontrarse en el ámbito sanitario. La sexualidad de las personas mayores continúa teniendo una presencia limitada en determinados espacios de formación sanitaria, lo que puede dificultar que profesionales y pacientes hablen abiertamente de estas cuestiones.
Por qué importa hablar de sexualidad en la vejez
Reconocer que el deseo sexual puede persistir y reinventarse durante la vejez no es un dato anecdótico.
Tiene implicaciones sobre la salud mental, la calidad de vida, la autoestima y las relaciones de pareja. Dar por terminada la sexualidad simplemente por cumplir años no protege a las personas mayores: contribuye a invisibilizar sus necesidades y a reforzar determinados estigmas.
La ciencia lo señala cada vez con mayor claridad:
la sexualidad no tiene fecha de caducidad.
Lo que cambia con los años es su forma, no necesariamente su existencia.