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Dolor crónico no oncológico: Introducción a la intervención psicológica y al abordaje

El dolor crónico no oncológico es una experiencia sensorial y emocional desagradable que persiste por más de tres meses y no está relacionada con cáncer, requiriendo un abordaje biopsicosocial integral. La comprensión del dolor ha evolucionado desde un modelo biomédico, que lo consideraba un fenómeno puramente físico, hacia un modelo biopsicosocial. La "teoría de la puerta del dolor" de Melzack y Wall fue fundamental en este cambio, al proponer que el sistema nervioso modula la transmisión de las señales dolorosas. Este enfoque reconoce que factores psicológicos, emocionales y cognitivos pueden influir directamente en la percepción del dolor, superando la visión de que es solo una respuesta proporcional al daño tisular. El dolor crónico se clasifica según su etiopatogenia (somático, visceral, neuropático, emocional) y se caracteriza por su impacto multidimensional. Factores psicológicos como las creencias catastrofistas, el miedo al movimiento (quinesiofobia) y las conductas de evitación perpetúan un ciclo de dolor y estrés. Este ciclo aumenta la discapacidad, afecta la calidad del sueño, las relaciones interpersonales y el bienestar general, lo que demuestra que su manejo debe ser multifactorial e incluir intervenciones no farmacológicas para ser efectivo. P: ¿Qué es el dolor crónico no oncológico? R: Es un dolor persistente que no está relacionado con cáncer y dura meses o años. Se define como una experiencia sensorial y emocional desagradable que impacta la funcionalidad, el sueño, las relaciones interpersonales y la calidad de vida. Su abordaje requiere un enfoque biopsicosocial que considere sus componentes físicos, psicológicos y emocionales para un manejo integral y efectivo. P: ¿Cuál es la diferencia entre dolor agudo y dolor crónico? R: El dolor agudo es una señal de alerta ante una lesión, de corta duración (menor a tres meses) y con una causa identificable. En cambio, el dolor crónico persiste por más de tres meses, incluso después de que la lesión inicial haya sanado. Su origen puede ser más difuso, alterando el sistema nervioso central y requiriendo un enfoque de manejo distinto al del dolor agudo. P: ¿Cómo influyen los factores psicológicos en el dolor crónico? R: Los factores psicológicos modulan la percepción del dolor. Creencias negativas y catastrofistas pueden amplificar la experiencia. Emociones como el miedo y la ansiedad intensifican la sensibilidad al dolor, mientras que la relajación y la distracción pueden atenuarlo. Comportamientos como la evitación del movimiento por miedo (quinesiofobia) perpetúan el ciclo del dolor y la discapacidad, limitando la recuperación funcional de la persona. Docente: Carolina Masón Más información sobre seminarios y actividades formativas de ADIPA en: Chile: https://adipa.cl/seminarios México: https://adipa.mx/seminarios Colombia: https://adipa.co/seminarios