Ginecología
Moverse para dar vida: cómo el ejercicio moderado puede favorecer la fertilidad femenina
La actividad física regular ayuda a mantener el equilibrio hormonal, mejorar la salud metabólica y reducir el estrés, mientras que el ejercicio excesivo puede alterar la ovulación
Durante años, cuando se hablaba de fertilidad femenina, la conversación se centraba principalmente en la alimentación, la edad y los controles ginecológicos. Sin embargo, cada vez existe mayor interés por el papel que desempeña el estilo de vida en la capacidad reproductiva.
Mantenerse físicamente activa puede aportar importantes beneficios para la salud general y, en determinadas circunstancias, contribuir a un mejor equilibrio metabólico y hormonal. Eso sí, cuando el ejercicio se realiza de forma excesiva y no existe un adecuado aporte energético, el efecto puede ser justamente el contrario.
La Dra. Judit Guix, especialista en fertilidad en Fertilab Barcelona, destaca la importancia de encontrar ese punto de equilibrio. Una actividad física adecuada puede ayudar a mejorar el metabolismo, favorecer el bienestar emocional y mantener unos hábitos saludables que acompañen a la búsqueda del embarazo.
Ejercicio moderado: el aliado de la salud reproductiva
No todos los ejercicios tienen el mismo impacto sobre el organismo. Para las mujeres que buscan un embarazo, el objetivo no debería ser alcanzar el máximo rendimiento físico, sino incorporar una actividad regular y moderada.
Caminar a buen ritmo, nadar, montar en bicicleta de forma moderada o realizar determinadas actividades dirigidas pueden ser buenas opciones para mantenerse activa.
Además, combinar ejercicio aeróbico y entrenamiento de fuerza permite trabajar diferentes aspectos relacionados con la salud cardiovascular y metabólica.
El ejercicio también puede contribuir a reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo, dos factores especialmente relevantes durante la búsqueda de un embarazo, una etapa que en ocasiones puede generar ansiedad e incertidumbre.
Fuerza y salud metabólica
El entrenamiento de fuerza moderado también puede formar parte de una rutina saludable. Trabajar con cargas adaptadas o con el propio peso corporal ayuda a preservar la masa muscular y puede mejorar determinados parámetros metabólicos.
En mujeres con síndrome de ovario poliquístico (SOP), mantener un estilo de vida activo puede ser especialmente interesante, ya que el ejercicio contribuye a mejorar la sensibilidad a la insulina y a controlar algunos factores metabólicos asociados a esta enfermedad.
No obstante, cada mujer presenta unas circunstancias diferentes y la actividad física debe adaptarse a sus necesidades, condición física y situación reproductiva.
Cuando hacer más ejercicio puede jugar en contra
El ejercicio no siempre es beneficioso cuando se aumenta su intensidad. Uno de los principales riesgos aparece cuando existe una combinación de entrenamiento muy exigente y una ingesta energética insuficiente.
En estas circunstancias, el organismo puede entrar en una situación de déficit energético que altere el funcionamiento normal del sistema reproductivo.
Una de las consecuencias puede ser la aparición de alteraciones menstruales o amenorrea, es decir, la ausencia de menstruación. En determinados casos, estas alteraciones pueden estar relacionadas con una disminución de la actividad del eje hormonal que regula la ovulación.
Por este motivo, cuando una mujer que practica deporte de forma intensa comienza a experimentar cambios importantes en su ciclo menstrual, conviene consultar con un profesional sanitario.
Más ejercicio no siempre significa más salud: para preservar la fertilidad, el equilibrio entre actividad física, descanso y alimentación es fundamental.
¿Qué ejercicios pueden ser una buena opción?
No existe un entrenamiento universal que garantice una mejora de la fertilidad. Sin embargo, en términos generales, una combinación equilibrada puede incluir:
- 🚶♀️ Caminar a ritmo moderado, especialmente si se parte de un estilo de vida sedentario.
- 🏊♀️ Natación, una actividad cardiovascular de bajo impacto.
- 🧘♀️ Yoga y pilates, que pueden favorecer la movilidad, la fuerza y la gestión del estrés.
- 🏋️♀️ Entrenamiento de fuerza, adaptado a la condición física de cada persona.
- 🚴♀️ Ejercicio cardiovascular moderado, evitando entrenamientos excesivamente prolongados o intensos cuando no existe una adecuada recuperación.
La clave está en convertir el movimiento en un hábito sostenible, no en someter al organismo a una exigencia constante.
Ejercicio y reproducción asistida
La actividad física también puede tener un papel durante los tratamientos de reproducción asistida, aunque en estas circunstancias debe individualizarse especialmente.
Durante procesos como la fecundación in vitro (FIV), el ejercicio puede ayudar a mantener una buena condición física y, sobre todo, proporcionar beneficios psicológicos. La ansiedad, el estrés y la incertidumbre pueden formar parte de estos tratamientos, especialmente después de intentos anteriores que no han tenido éxito.
Por ello, mantenerse activa dentro de los límites recomendados puede ser una herramienta para cuidar el bienestar emocional.
Eso sí, durante determinados momentos del tratamiento puede ser necesario modificar o limitar la actividad física, por lo que las indicaciones del equipo médico deben prevalecer.
¿Y después de conseguir el embarazo?
Conseguir el embarazo no significa necesariamente que haya que abandonar toda actividad física.
En embarazos sin complicaciones y siempre que no exista una contraindicación médica, mantener una actividad física adaptada puede aportar beneficios para la salud de la madre y favorecer una mejor preparación física durante la gestación.
El ejercicio durante el embarazo se ha relacionado con beneficios como un mejor control metabólico y una menor incidencia de determinadas complicaciones, aunque el tipo, intensidad y duración deben adaptarse a cada etapa del embarazo.
La fertilidad también se cuida con el estilo de vida
La fertilidad femenina depende de numerosos factores y no puede reducirse únicamente a la práctica de ejercicio. Edad, reserva ovárica, salud hormonal, enfermedades previas, alimentación, peso, descanso, estrés y otros factores pueden influir en la capacidad reproductiva.
Por eso, el objetivo no debe ser buscar un determinado entrenamiento para quedarse embarazada, sino construir un estilo de vida saludable y sostenible.
La idea fundamental es sencilla: moverse es saludable, pero el exceso también puede tener consecuencias. Encontrar el equilibrio entre ejercicio, alimentación y descanso puede ayudar a cuidar la salud reproductiva y el bienestar general durante la búsqueda de la maternidad.