Montaña / Escalada
La trampa del experto en montaña: por qué la experiencia no elimina el riesgo
En montaña, tener muchos años de experiencia no significa estar protegido frente a los accidentes. Al contrario, la repetición de conductas que aparentemente funcionan puede generar una peligrosa sensación de seguridad. La llamada “trampa del experto” explica cómo determinadas decisiones pueden llegar a normalizarse simplemente porque, hasta ese momento, nunca habían tenido consecuencias.
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Cuando hablamos de seguridad en montaña, es habitual diferenciar entre personas principiantes y montañeros experimentados. Sin embargo, esta clasificación puede llevar a una conclusión equivocada: pensar que quienes acumulan más años de experiencia están necesariamente menos expuestos al peligro.
El problema es que se puede adquirir mucha experiencia haciendo las cosas de forma incorrecta.
Una conducta insegura que se repite muchas veces sin provocar un accidente puede terminar percibiéndose como una conducta segura. El montañero atraviesa una pendiente comprometida, las condiciones no provocan ningún incidente y llega sano y salvo. La experiencia queda registrada como un éxito, aunque el resultado también pueda haber dependido de unas condiciones concretas.
De esta manera aparece uno de los principales riesgos asociados a la experiencia: confundir haber salido bien de una situación con haber tomado una buena decisión.
La experiencia no siempre significa mayor seguridad
En el texto de referencia, Alberto Ayora explica que aproximadamente la mitad de las personas que han sufrido accidentes relacionados con avalanchas en los últimos años tenían experiencia y cierta formación en montañismo invernal.
La cuestión, por tanto, no es determinar quién es un “experto” y quién no.
La seguridad en montaña depende de cómo se toman las decisiones ante situaciones que pueden cambiar rápidamente. Una persona puede acumular muchos años de actividad y, al mismo tiempo, desarrollar hábitos que incrementen progresivamente su exposición al riesgo.
Como plantea el artículo, la experiencia es realmente útil cuando aumenta nuestra capacidad para reconocer la incertidumbre y tomar la decisión de renunciar cuando es necesario.
La normalización de la desviación: cuando “nunca ha pasado nada”
En el ámbito de la seguridad existe un concepto conocido como normalización de la desviación.
Se produce cuando determinadas prácticas comienzan a alejarse progresivamente de los procedimientos considerados seguros porque, pese a hacerlo, aparentemente no ocurre nada.
En montaña puede suceder con diferentes situaciones:
- Entrar repetidamente en una pendiente comprometida.
- Realizar un itinerario en condiciones que no son las ideales.
- Interpretar un parte meteorológico o de nieve de forma excesivamente optimista.
- Prescindir de determinados elementos de seguridad.
- Continuar una actividad porque anteriormente se realizó sin problemas.
- Tomar decisiones basadas en la experiencia previa sin valorar suficientemente las condiciones actuales.
Cada salida sin consecuencias puede reforzar la percepción de que la decisión era correcta.
Pero que una conducta no haya provocado un accidente no significa necesariamente que fuera una conducta segura.
La montaña no ofrece certezas absolutas
Uno de los conceptos fundamentales que plantea el artículo es que la nieve y la montaña no funcionan mediante categorías completamente binarias de “seguro” o “peligroso”.
Existen probabilidades, condiciones y niveles de exposición al riesgo.
Una pendiente puede parecer estable durante una jornada y presentar un comportamiento diferente en otra. Las condiciones meteorológicas, el estado del manto nivoso, la temperatura, el viento, la visibilidad o las características concretas del terreno pueden modificar la situación.
Por eso, una decisión que funcionó ayer no necesariamente será adecuada mañana.
El problema aparece cuando la experiencia acumulada hace que el montañero transforme esa incertidumbre en una certeza:
“Ya he pasado por aquí muchas veces y nunca ha ocurrido nada.”
Ese razonamiento puede convertirse en una de las principales trampas de la experiencia.
¿Qué es un falso positivo en montaña?
El artículo utiliza el concepto de falso positivo para explicar este mecanismo.
Imaginemos una pendiente que presenta indicios de inestabilidad. El montañero evalúa la situación y decide atravesarla. Finalmente no sucede nada.
El resultado puede interpretarse de dos maneras diferentes.
La primera sería pensar:
“Las condiciones han permitido que esta vez no ocurriera nada.”
La segunda:
“Mi evaluación era correcta y el riesgo no era realmente importante.”
Esta segunda interpretación es la peligrosa.
Cuando una decisión arriesgada termina repetidamente sin consecuencias negativas, el cerebro puede utilizar esos resultados como confirmación de que la estrategia funciona.
Así se crea un patrón de comportamiento en el que cada salida exitosa refuerza una conducta que quizá no sea segura en otras circunstancias.
La trampa del experto y los falsos positivos
Los montañeros con muchos años de experiencia pueden acumular una gran cantidad de situaciones en las que asumieron determinados riesgos y todo salió bien.
Estos resultados positivos pueden generar una confianza cada vez mayor.
El problema es que las estadísticas no registran todas las ocasiones en las que una persona estuvo expuesta a un peligro y simplemente tuvo suerte.
Solo se registra el accidente cuando finalmente ocurre.
Por eso, una larga sucesión de experiencias sin consecuencias no demuestra necesariamente que una determinada conducta sea segura.
Puede significar simplemente que las condiciones fueron favorables durante todas esas ocasiones.
¿Qué es un entorno de aprendizaje perverso?
El texto también introduce un concepto desarrollado por el psicólogo Robin Hogarth: los denominados entornos de aprendizaje perversos (wicked learning environments).
Se trata de situaciones en las que la experiencia no garantiza necesariamente una mejora de las decisiones porque el sistema proporciona un feedback incompleto, tardío o sesgado.
La montaña puede presentar precisamente este tipo de características.
Una decisión prudente puede no generar ningún resultado visible. Si decides no atravesar una pendiente peligrosa, probablemente no recibirás una recompensa inmediata por haber tomado esa decisión.
En cambio, si decides atravesarla y no ocurre nada, puedes experimentar una sensación de éxito.
El resultado inmediato puede reforzar una decisión que, en otras condiciones, podría haber terminado de manera muy diferente.
Cuando la experiencia refuerza los malos hábitos
Este mecanismo genera un círculo peligroso.
Una persona toma una decisión arriesgada.
No ocurre nada.
La decisión se interpreta como correcta.
La confianza aumenta.
La próxima vez se asume un riesgo similar.
Tampoco ocurre nada.
La confianza vuelve a aumentar.
Con el tiempo, una conducta inicialmente considerada arriesgada puede acabar normalizándose.
Así, la experiencia deja de actuar como un factor protector y puede convertirse en un multiplicador de exposición al riesgo.
La experiencia debería aumentar la capacidad de renunciar
Una de las ideas centrales del artículo es especialmente relevante para la seguridad en montaña:
La experiencia es realmente útil cuando aumenta la duda y no cuando elimina la duda.
Un montañero experimentado debería conocer no solamente las situaciones en las que puede continuar, sino también aquellas en las que resulta más prudente darse la vuelta.
La capacidad de renunciar a una actividad forma parte de la gestión del riesgo.
Cambiar los planes, regresar al refugio o cancelar una ascensión no debería interpretarse necesariamente como un fracaso.
En determinadas circunstancias, precisamente puede ser la consecuencia de una evaluación responsable de las condiciones.
Confundir el resultado con la calidad de la decisión
Otro de los problemas señalados en el texto consiste en confundir el resultado final con la calidad de la decisión.
Si una persona atraviesa una zona peligrosa y llega al otro lado sin problemas, el resultado ha sido positivo.
Pero eso no demuestra necesariamente que la decisión haya sido correcta.
Una decisión debe valorarse teniendo en cuenta la información disponible en el momento de tomarla, las condiciones existentes y el nivel de riesgo asumido.
Si solamente juzgamos las decisiones por sus resultados, podemos acabar premiando conductas arriesgadas que tuvieron un desenlace favorable.
Los accidentes pueden ser consecuencia de una cadena de decisiones
El artículo también plantea que los accidentes graves en montaña no deberían entenderse únicamente como episodios de mala suerte.
En muchas ocasiones pueden existir diferentes factores que se van acumulando:
- Una valoración incorrecta de las condiciones.
- Exceso de confianza.
- Presión por cumplir un objetivo.
- Interpretación demasiado optimista de la información.
- Falta de material de seguridad.
- Dificultad para reconocer que las condiciones han cambiado.
- Presión del grupo.
- Resistencia a dar marcha atrás.
Cada decisión puede parecer razonable de manera aislada, pero la combinación de varias circunstancias puede incrementar considerablemente la exposición al riesgo.
Los expertos también pueden cometer errores
Tener experiencia no significa dejar de cometer errores.
Según el enfoque del artículo, los expertos pueden cometer errores diferentes, entre ellos los relacionados con el exceso de confianza.
También pueden aparecer dificultades para cambiar de decisión cuando el grupo ya está comprometido con un objetivo.
Esto puede ser especialmente importante cuando existe presión por alcanzar una cima, completar una ruta o cumplir un determinado plan.
Cuanto mayor sea la inversión realizada en una actividad, más difícil puede resultar aceptar que ha llegado el momento de abandonar.
Tres pilares de la trampa del experto
El artículo identifica tres elementos especialmente importantes dentro de esta problemática.
1. La ilusión de control
La acumulación de experiencias positivas puede generar la sensación de que se domina el entorno.
El montañero conoce el terreno, tiene experiencia y ha realizado actividades similares muchas veces.
Pero la montaña continúa siendo un entorno cambiante.
La experiencia permite interpretar mejor determinadas situaciones, pero no permite controlar completamente las condiciones naturales.
2. La creencia en la invulnerabilidad
Otro riesgo aparece cuando las normas básicas de seguridad comienzan a percibirse como algo destinado principalmente a los principiantes.
Puede aparecer la idea de que determinados elementos son innecesarios porque “ya se sabe lo que se está haciendo”.
En actividades invernales, el artículo pone como ejemplo la importancia de disponer del DVA, la pala y la sonda.
El material de seguridad no debería depender de la percepción subjetiva de experiencia o confianza.
3. La presión de las expectativas
El tercer elemento señalado es la presión por cumplir con un objetivo.
Esta situación puede resultar especialmente relevante para guías y líderes de grupos.
Cuando existe una cima que alcanzar, una ruta que completar o unas expectativas creadas previamente, puede resultar más difícil aceptar que las condiciones obligan a cambiar los planes.
La presión puede conducir a asumir riesgos adicionales en un entorno que ya presenta incertidumbre.
La seguridad en montaña no depende de ser “experto”
La principal enseñanza que puede extraerse del artículo es que la seguridad no debería basarse únicamente en la experiencia acumulada.
Ser capaz de reconocer que una situación es incierta, aceptar que las condiciones pueden cambiar y tener la capacidad de renunciar forman parte de una gestión responsable del riesgo.
La experiencia puede aportar conocimiento, pero también debe ir acompañada de una actitud crítica hacia las propias decisiones.
La pregunta no debería ser únicamente:
“¿Cuántas veces he hecho esto?”
También debería ser:
“¿Qué ha cambiado desde la última vez que lo hice?”
Montañismo responsable: experiencia, preparación y capacidad de decisión
La montaña exige asumir que nunca existe un control absoluto sobre el entorno.
La preparación, el conocimiento técnico, la información disponible y el material adecuado pueden ayudar a gestionar mejor las situaciones, pero no eliminan la incertidumbre.
Por eso, la experiencia debería servir para reconocer precisamente esos límites.
El verdadero aprendizaje no consiste en acumular situaciones en las que asumimos riesgos y salimos ilesos, sino en aprender a identificar cuándo esos riesgos dejan de ser aceptables.
La montaña no premia necesariamente al que más veces se atreve. En muchas ocasiones, la decisión más importante es saber cuándo no continuar.
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