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Ética y estilos de escalada: ¿debe cambiar la forma de entender la montaña?

Por Redacción LlaveTV
Ética y estilos de escalada: ¿debe cambiar la forma de entender la montaña?

La escalada no es una única manera de subir una pared. Para algunos montañeros, una vía representa aventura, compromiso, autonomía y capacidad para gestionar el riesgo. Para otros, el equipamiento permite disfrutar de grandes paredes con mayor seguridad y facilita que más personas puedan acercarse a la escalada de varios largos.

Esta diferencia de criterios ha vuelto a generar polémica en el Pirineo aragonés, donde la apertura de nuevas vías y el reequipamiento de itinerarios existentes han reabierto un debate que lleva años acompañando a la comunidad escaladora: ¿hasta dónde debe llegar la libertad para equipar una pared y dónde comienza el respeto por las vías históricas?

El caso de la vía Valhalla, abierta en 2024 en el pico Aspe, ha vuelto a poner sobre la mesa esta cuestión. Mientras sus autores defienden una escalada más accesible y con menor exposición, sus detractores consideran que determinadas actuaciones pueden modificar el carácter de itinerarios clásicos y borrar parte de la historia de la escalada en la montaña.

Dos formas de entender la escalada

El conflicto enfrenta, principalmente, dos filosofías.

Por un lado están quienes defienden la escalada clásica y de aventura, basada en la lectura de la pared, la autoprotección, la navegación, la autonomía y la gestión del riesgo.

Por otro, quienes consideran que una gran pared no tiene por qué implicar necesariamente una elevada exposición y defienden vías equipadas que permitan disfrutar de la montaña con mayores garantías de seguridad.

Ninguna de estas modalidades es nueva. El debate lleva décadas presente en el mundo de la escalada y reaparece cada vez que una nueva vía, un reequipamiento o una modificación de una ruta histórica genera controversia.

El caso del pico Aspe

La polémica más reciente gira alrededor de Valhalla, una vía de aproximadamente 800 metros situada en el pico Aspe.

Sus detractores sostienen que el itinerario coincide parcialmente con tres rutas anteriores —Chiro Sánchez, Arista NNE y Orión— y consideran que el nuevo equipamiento modifica el carácter tradicional de una zona vinculada a la escalada de aventura.

Desde esta posición se reclama que las intervenciones sobre paredes históricas se realicen con diálogo y consenso, especialmente cuando pueden afectar a itinerarios previamente abiertos.

La defensa de Sueño Vertical

Jesús Sánchez, fundador de Sueño Vertical, mantiene una visión diferente.

El grupo defiende que escalar una gran pared no tiene por qué significar asumir un elevado nivel de exposición ni transportar grandes cantidades de material de autoprotección.

Su argumento parte de una idea sencilla: existen escaladores experimentados que quieren continuar disfrutando de la escalada, pero que no desean asumir determinados riesgos por sus circunstancias personales, familiares o laborales.

Además, defienden que sus vías han permitido que nuevos escaladores den el salto del rocódromo a la roca y que otros puedan acercarse a la escalada de varios largos con mayor seguridad.

¿Qué ocurre con las vías históricas?

Aquí aparece probablemente el punto más delicado del debate.

Para quienes defienden la escalada clásica, una vía no es únicamente una línea dibujada sobre una pared. También representa una época, una forma de escalar y las decisiones tomadas por quienes realizaron la primera ascensión.

Modificar una ruta para convertirla en una vía completamente equipada puede cambiar radicalmente la experiencia original.

La cuestión, por tanto, no es únicamente si una vía resulta más o menos segura. También entra en juego si debe conservarse la filosofía con la que fue abierta.

¿Quién decide qué se puede equipar?

El problema se complica cuando no existe un consenso claro.

Los defensores de la conservación de las vías clásicas reclaman una mayor participación de federaciones, clubes, asociaciones y gestores de los espacios naturales para establecer criterios sobre aperturas y reequipamientos.

La pregunta de fondo es evidente:

¿Puede una persona o un grupo modificar el carácter de una pared que ya cuenta con vías históricas?

Y al mismo tiempo aparece otra cuestión:

¿Debe impedirse la creación de nuevas vías simplemente porque una zona tenga un carácter tradicional?

Encontrar un equilibrio entre ambas posiciones no resulta sencillo.

Escalada deportiva y escalada clásica: ¿son incompatibles?

Probablemente no.

La escalada deportiva ha permitido que miles de personas se acerquen a la roca y disfruten de un deporte que anteriormente exigía mayores conocimientos técnicos y una preparación específica.

La escalada clásica, por su parte, conserva una dimensión de aventura que forma parte de la historia del montañismo y del alpinismo.

El verdadero desafío puede estar en hacer compatibles ambas formas de entender la escalada, evitando que una termine eliminando a la otra.

Más que una discusión sobre seguros

El debate sobre el equipamiento de las vías es, en realidad, una discusión mucho más profunda.

Habla de libertad, seguridad, tradición, conservación, patrimonio, responsabilidad y respeto entre escaladores.

Para unos, colocar seguros fijos abre la montaña a más personas. Para otros, hacerlo sobre determinadas líneas elimina precisamente aquello que hacía especial a esas rutas.

Y quizá la solución no pase por imponer una única filosofía, sino por establecer criterios claros para que diferentes estilos puedan convivir.

El futuro de la escalada en el Pirineo

El Pirineo seguirá siendo escenario de nuevas aperturas, reequipamientos y debates entre generaciones de escaladores.

La cuestión será determinar qué paredes pueden evolucionar, cuáles deberían conservar su carácter original y quién debe participar en esas decisiones.

Porque la montaña pertenece a todos, pero la historia de sus vías también forma parte del patrimonio de quienes las abrieron y de quienes las han mantenido durante décadas.

La escalada puede evolucionar sin necesidad de borrar su pasado. Y precisamente ahí podría encontrarse el punto de encuentro entre quienes buscan más seguridad y accesibilidad y quienes quieren preservar la aventura, el compromiso y la identidad histórica de la escalada pirenaica.

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