Montaña / Escalada
Escalada sin dejar huella: cómo disfrutar de la montaña sin poner en riesgo la naturaleza
Una cáscara de fruta, alimentar a un animal o acercarse demasiado a un nido pueden tener consecuencias que van mucho más allá de lo que imaginamos
La escalada vive un momento de auge. Cada vez son más las personas que se acercan a las paredes de roca para practicar este deporte y disfrutar de la naturaleza. Pero este crecimiento también supone una mayor presencia humana en ecosistemas especialmente sensibles.
El problema no está en escalar, sino en hacerlo sin conocer el entorno. La erosión del suelo, la alteración de la vegetación, los residuos, el ruido o la aproximación a zonas de nidificación pueden afectar a especies que dependen de la tranquilidad de estos espacios para sobrevivir.
Por eso, practicar una escalada responsable implica algo más que recoger nuestra basura. Significa conocer el lugar, respetar sus normas y entender que incluso pequeños gestos pueden modificar el comportamiento de la fauna y el equilibrio del ecosistema.
Pequeños gestos que pueden alterar la fauna
Uno de los errores más habituales es pensar que dejar una pequeña cantidad de comida en la montaña no tiene consecuencias.
Una cáscara de mandarina, unas migas de pan o cualquier resto de comida pueden convertirse en una fuente de alimento artificial para animales acostumbrados a buscar sus propios recursos.
Según explica Natalia Pleite, cofundadora de Nexonatura y especialista en medio ambiente, alimentar a los animales puede provocar que desarrollen dependencia de los seres humanos, además de generar problemas relacionados con su alimentación, desarrollo y comportamiento.
También puede modificar sus desplazamientos. Los animales que relacionan determinadas zonas, como aparcamientos o áreas recreativas, con la presencia de comida pueden acercarse más frecuentemente a estos lugares, aumentando incluso el riesgo de atropello.
En la montaña, mejor no alimentar a los animales
Observar una cabra montés, un buitre o cualquier otro animal en libertad puede ser una experiencia extraordinaria. Pero precisamente por eso conviene mantener las distancias y no intervenir en su comportamiento natural.
Dar comida puede parecer un gesto de cariño, pero la fauna silvestre no necesita que completemos su alimentación.
La mejor manera de ayudarla es mucho más sencilla: observar, disfrutar y dejar que siga buscando alimento por sus propios medios.
La roca también es un ecosistema
Cuando pensamos en la naturaleza de una zona de escalada solemos fijarnos en los grandes animales y en las aves. Sin embargo, las propias paredes de roca albergan una enorme diversidad de organismos.
En grietas y pequeñas repisas pueden crecer musgos, líquenes y plantas rupícolas perfectamente adaptadas a condiciones muy extremas.
Estos pequeños organismos forman microhábitats que sirven de refugio y alimento a diferentes invertebrados y otras especies.
Por eso, retirar vegetación para facilitar el acceso a una vía o modificar una pared puede tener consecuencias que pasan desapercibidas.
Antes de abrir o equipar una nueva vía, especialmente dentro de un espacio protegido, es fundamental conocer la normativa y contar con las autorizaciones correspondientes.
Buitres, águilas y halcones: la escalada también puede afectar a las aves
Uno de los impactos más delicados está relacionado con la época de reproducción de las aves que utilizan las paredes rocosas para nidificar.
Especies como el buitre leonado, el águila real o el halcón peregrino pueden instalar sus nidos en repisas y paredes donde también se practica escalada.
El problema aparece cuando una persona se aproxima demasiado al nido durante la época de reproducción. El ruido, la presencia humana o el movimiento constante pueden provocar que los adultos se alejen temporalmente.
En determinadas circunstancias, una perturbación repetida puede llegar a comprometer el éxito reproductivo.
La época de cría es especialmente sensible
Las fechas concretas dependen de cada especie y de cada territorio, por lo que no existe un único calendario válido para todas las zonas de escalada.
Por ello, antes de acudir a una pared es recomendable comprobar si existen restricciones temporales por nidificación.
Una vía que está abierta durante todo el año puede tener que cerrarse temporalmente durante unas semanas o meses para proteger una pareja reproductora.
Respetar estas restricciones no significa renunciar a la escalada: significa esperar hasta que la zona vuelva a estar disponible.
Un ejemplo de cómo las restricciones pueden funcionar
La relación entre escalada y conservación también demuestra que las medidas de protección pueden tener resultados positivos.
El artículo recoge el caso de los alimoches en Vizcaya, donde se establecieron medidas para reducir las molestias en determinadas paredes rocosas ante los problemas de reproducción de esta especie.
El ejemplo demuestra la importancia de establecer restricciones basadas en criterios científicos y, sobre todo, de que los usuarios de la montaña las respeten.
La conservación y la práctica deportiva no tienen por qué estar enfrentadas. Cuando existe planificación, ambas pueden convivir.
El magnesio también deja huella
El magnesio es una herramienta habitual entre los escaladores para mejorar el agarre, pero su utilización debe ser responsable.
El exceso de polvo sobre la roca puede modificar las características superficiales de determinados materiales y acumularse en zonas donde también viven pequeños organismos.
Por eso conviene utilizar únicamente la cantidad necesaria y limpiar los restos cuando la normativa y las características de la vía lo permitan, evitando intervenciones agresivas sobre la roca.
Otras normas básicas para una escalada responsable
Practicar una actividad de montaña respetuosa con el medio ambiente no requiere grandes esfuerzos. Basta con incorporar algunos hábitos.
No dejes ningún residuo
Todo lo que llevas a la montaña debe volver contigo. Esto incluye envoltorios, restos de comida, papel, plástico y cualquier otro residuo.
La mejor huella es la que no dejamos.
Mantén el ruido bajo control
Gritos, música a gran volumen o ruidos innecesarios pueden alterar a la fauna, especialmente durante la época de reproducción.
No marques la roca
Evita utilizar pinturas, adhesivos o marcas permanentes para señalar agarres o recorridos.
No equipes vías sin autorización
Abrir o modificar vías puede afectar a la vegetación, la fauna y la propia estructura de la pared. En espacios protegidos, además, puede estar sujeto a una regulación específica.
Utiliza los senderos existentes
Los atajos favorecen la erosión del suelo y pueden dañar plantas que tardan años en recuperarse.
Observa sin intervenir
Si encuentras un animal, un nido o una especie vegetal interesante, disfruta de la observación sin tocar, alimentar ni modificar su entorno.
Consulta siempre la normativa
Antes de escalar en una zona nueva, comprueba las restricciones establecidas por el parque natural, ayuntamiento, federación, gestor del espacio o autoridad medioambiental correspondiente.
¿Qué hacer si encuentras un nido?
Si durante una aproximación o una escalada detectas un nido que no estaba señalizado, lo más prudente es alejarse y evitar cualquier molestia.
No es recomendable acercarse para fotografiarlo, tocarlo o comprobar si está ocupado.
Lo adecuado es comunicar el hallazgo a los responsables de la gestión del espacio o a los agentes medioambientales correspondientes, que podrán determinar las medidas necesarias.
Escalar y conservar: dos actividades que pueden ir de la mano
La escalada no tiene por qué ser enemiga de la conservación. Al contrario, quienes disfrutan habitualmente de la montaña tienen una oportunidad privilegiada para convertirse también en protectores del entorno.
Conocer qué especies viven en las paredes, cuándo se reproducen, qué zonas son especialmente sensibles y qué comportamientos debemos evitar permite disfrutar del deporte sin perjudicar aquello que nos ha llevado hasta allí.
La idea puede resumirse en una regla muy sencilla:
No se trata de dejar de escalar, sino de aprender a hacerlo sin dejar huella.
Porque la montaña no es únicamente el escenario donde practicamos nuestro deporte. Es el hogar de cientos de especies y un ecosistema que merece que lo disfrutemos, pero también que lo respetemos.