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¿'Body count'? ¡Qué coño, misoginia! La manosfera y el control sobre la sexualidad femenina

Por Redacción LlaveTV
¿'Body count'? ¡Qué coño, misoginia! La manosfera y el control sobre la sexualidad femenina

Una historia ficticia de infiltración en un campamento de la manosfera sirve para retratar, con ironía y espíritu crítico, los discursos que juzgan a las mujeres por su pasado sexual, defienden la hipergamia y convierten las relaciones afectivas en una supuesta jerarquía de valor.

La manosfera ha desarrollado un vocabulario propio para explicar las relaciones entre hombres y mujeres. Expresiones como body count, hipergamia, mujer de alto valor o jerarquía sociosexual forman parte de un discurso que pretende interpretar el comportamiento femenino mediante categorías, puntuaciones y supuestas leyes naturales.

Pero detrás de estos conceptos aparece una cuestión mucho más antigua: el intento de controlar la libertad, la sexualidad y las decisiones de las mujeres.

También pone sobre la mesa la importancia de la educación y la formación para desarrollar una mirada crítica ante los mensajes que circulan por internet y las redes sociales.


A través de una historia ficticia narrada en cuatro entregas audiovisuales, una protagonista llamada Vera se infiltra en un campamento de la manosfera para observar desde dentro cómo funcionan sus códigos, sus jerarquías y sus contradicciones. Lo que comienza como una investigación sobre un grupo de hombres termina convirtiéndose en una reflexión sobre el machismo, la identidad y las relaciones afectivas.

La manosfera y su particular jerarquía de las relaciones

En el primer episodio, Vera asiste a una charla titulada «Verdades incómodas sobre la naturaleza femenina». El escenario es una carpa con sillas de plástico, un proyector y una pirámide que representa la denominada jerarquía sociosexual.

El monitor explica conceptos que forman parte del imaginario de determinados espacios de la manosfera. Uno de ellos es la hipergamia, una teoría según la cual las mujeres buscarían parejas con mayor estatus económico, social o físico.

La protagonista observa con ironía cómo se presenta esta idea como una verdad universal sobre el comportamiento femenino. Desde su perspectiva, el planteamiento reduce las relaciones humanas a una especie de clasificación comercial en la que cada persona ocupa una posición dentro de una tabla.

La crítica apunta a una cuestión fundamental: ¿hasta qué punto estos discursos describen realmente las relaciones humanas y hasta qué punto intentan imponer un modelo determinado de comportamiento?

¿Qué significa realmente el concepto de 'body count'?

Uno de los conceptos centrales de la historia es el conocido término body count, utilizado para referirse al número de personas con las que alguien ha mantenido relaciones sexuales a lo largo de su vida.

En determinados discursos de la manosfera, esta cifra se utiliza para juzgar el supuesto valor de una mujer. Cuanto menor sea su historial sexual, mayor sería su consideración dentro de esa escala; cuanto más elevado, más cuestionada resultaría.

La contradicción que señala Vera es evidente: algunos hombres expresan admiración por acumular experiencias sexuales, pero esperan que su futura pareja haya tenido pocas o ninguna.

El problema no es que alguien tenga preferencias personales a la hora de elegir pareja. La cuestión aparece cuando esas preferencias se convierten en criterios desiguales para juzgar a hombres y mujeres, asociando la libertad sexual femenina con una supuesta pérdida de valor.

La protagonista resume esta lógica con una imagen provocadora: reducir la vida sexual de una mujer a una cifra equivale a solicitar el historial académico de su intimidad.

El concepto de body count deja así de ser una simple referencia estadística para convertirse en una herramienta de valoración moral y control social.

La mujer de alto valor: un modelo de comportamiento impuesto

En el segundo episodio, la charla avanza hacia la descripción de la denominada «mujer de alto valor».

Según el monitor, esa mujer debe evitar cuestionar públicamente a su pareja, no discutir sus decisiones y aceptar un determinado modelo de liderazgo masculino dentro de la relación.

Vera comienza a reconocer que el discurso no trata tanto de comprender a las mujeres como de establecer cómo deberían comportarse para encajar en las expectativas de determinados hombres.

La supuesta jerarquía también establece posiciones entre los propios asistentes. Algunos reciben reconocimiento, mientras que otros quedan relegados a los escalones inferiores.

La protagonista observa cómo Kevin, uno de los participantes, parece perder progresivamente la confianza con la que había llegado al campamento. Su situación le hace preguntarse si estas estructuras sirven realmente para mejorar las relaciones o si, por el contrario, reproducen dinámicas de competición, inseguridad y dominación.

La crítica se amplía: el enemigo común que cohesiona al grupo parece ser la mujer independiente, la feminista o cualquier persona que cuestione sus planteamientos.

La contradicción entre la teoría y la vida real

Uno de los aspectos más interesantes de la narración es la posición de Vera dentro del campamento.

Durante días ha interpretado el papel de novia aparentemente ingenua, sonriente y poco conflictiva para pasar desapercibida. Sin embargo, descubre que ese personaje coincide precisamente con el modelo femenino que el monitor presenta como ideal.

La situación plantea una paradoja: la protagonista ha conseguido infiltrarse gracias a una representación de feminidad que el propio grupo considera deseable.

Cuando finalmente expresa que todo aquello le parece una tontería, uno de los participantes se ríe con ella. La escena muestra que las personas que forman parte de estos entornos no necesariamente comparten todas las ideas que se transmiten en ellos.

También permite observar cómo la presión del grupo, la necesidad de pertenencia y las jerarquías internas pueden influir en la manera de pensar y comportarse.

La mercantilización de las relaciones afectivas

En el tercer episodio, Vera dirige su atención hacia otro aspecto del campamento: el dinero.

Detrás de las teorías sobre la jerarquía sociosexual, las puntuaciones y el supuesto valor de mercado de las personas, aparece una estructura económica que condiciona el funcionamiento del propio proyecto.

La protagonista se pregunta quién paga, quién cobra y quién obtiene beneficios de todo aquel discurso.

La metáfora del mercado sexual sirve para cuestionar la tendencia a convertir las relaciones humanas en operaciones de intercambio. Bajo esa perspectiva, las personas dejan de ser individuos con deseos, emociones y autonomía para convertirse en productos que pueden clasificarse, comparar y valorar.

Esta lógica también conecta con la expansión de determinados modelos de negocio digitales, en los que la provocación, la polarización y los mensajes extremos pueden convertirse en herramientas para atraer audiencia y generar ingresos.

La historia introduce así una reflexión sobre la comercialización del malestar y la posibilidad de obtener beneficios económicos a partir de discursos que enfrentan a hombres y mujeres.

Hipergamia y 'body count': dos formas de juzgar la libertad femenina

En el último episodio, Vera llega a una conclusión sobre los dos conceptos que han protagonizado el campamento.

La hipergamia pretende establecer con quién debería relacionarse una mujer. El body count intenta juzgarla por las personas con las que ya ha mantenido relaciones.

Entre ambos conceptos queda reducido el espacio para la autonomía individual.

La protagonista identifica en esta combinación una forma de misoginia que utiliza un lenguaje aparentemente técnico para presentar como naturales determinadas desigualdades.

La crítica no se dirige a que cada persona tenga preferencias afectivas o sexuales, sino a la construcción de reglas diferentes para hombres y mujeres y a la pretensión de convertirlas en criterios universales de valor.

La libertad sexual implica poder tomar decisiones sobre el propio cuerpo y la propia vida sin quedar sometido a una clasificación moral basada en estereotipos.

Más allá de la manosfera: educación, libertad y relaciones igualitarias

La historia de Vera utiliza el humor, la exageración y la ficción para abordar un fenómeno que forma parte de los debates actuales sobre género, sexualidad y relaciones personales.

También pone sobre la mesa la importancia de la educación y la formación para desarrollar una mirada crítica ante los mensajes que circulan por internet y las redes sociales.

Comprender la sexualidad requiere reconocer la diversidad de experiencias, respetar las decisiones individuales y evitar que el pasado íntimo de una persona se convierta en un instrumento de humillación o control.

En definitiva, la cuestión no consiste en sustituir una jerarquía por otra, sino en cuestionar por qué las relaciones humanas necesitan convertirse en una competición.

Vera termina su particular infiltración con una conclusión tan sencilla como contundente: detrás de las pirámides, los anglicismos y las presentaciones tecnológicas puede esconderse una idea muy antigua.

La misoginia no desaparece por utilizar palabras modernas. A veces, simplemente cambia de vocabulario.

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