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Lo que no te dijeron sobre aprender a estar sola

A lo largo de la vida, nos han enseñado a buscar compañía, a llenar espacios con personas, ruido, planes… pero muy pocas veces nos enseñaron a estar solas. Y no hablo de la soledad como ausencia o vacío, sino como un espacio de autoconocimiento, de conexión, de crecimiento. Parece que estar solos es algo que debemos evitar, como si la soledad fuera sinónimo de que falta de algo. Pero, ¿qué pasa si empezamos a verla de otra manera? ¿Si en lugar de temerle, la abrazamos como un espacio de descubrimiento, de pausa, de conexión con nosotras mismas? Estar solas no significa estar incompletas. Al contrario, es en esos momentos donde realmente podemos escucharnos, entender qué queremos, qué nos hace bien y qué necesitamos soltar. Es un espacio que nos reta, pero que también nos permite crecer.