La triste verdad tras las cirugías de Michael Jackson
Es muy fácil juzgar desde fuera. Lo difícil es preguntarse qué puede llevar a una persona a intentar cambiar una y otra vez aquello que ve cuando se mira al espejo. Cuando creces escuchando que hay algo defectuoso en ti, especialmente por parte de quienes deberían protegerte, puedes acabar desarrollando la sensación de que nunca eres suficiente. Que siempre hay algo que corregir. A veces el problema no es la nariz, la piel o el cuerpo. El problema es el dolor que se ha quedado asociado a ellos. Y otras veces, cuando la vida se siente caótica y fuera de control, cambiar el propio aspecto puede dar una sensación temporal de control sobre algo. Por eso detrás de muchas obsesiones con la imagen hay historias de sufrimiento, inseguridad, vergüenza o heridas emocionales que no siempre vemos. Antes de juzgar el aspecto de alguien, merece la pena recordar que casi siempre hay una historia detrás que desconocemos.