Cada enero, miles de personas se apuntan al gimnasio con el propósito de empezar a entrenar de forma regular. Sin embargo, mantener la constancia suele ser complicado. La falta de motivación es la explicación más habitual, pero la ciencia acaba de aportar una razón más profunda: las ganas de hacer ejercicio podrían depender también de un mecanismo biológico.

Un grupo de investigadores españoles ha identificado un “interruptor molecular” que estimula o frena la voluntad de hacer deporte. Según su trabajo, dos proteínas musculares activan áreas del cerebro relacionadas con el movimiento, influyendo directamente en la motivación para mantenerse activos.


El hallazgo: una comunicación entre músculo y cerebro

El estudio, publicado en la revista científica Science Advances, ha sido liderado por Guadalupe Sabio, investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO).

“Hemos descubierto una vía de señalización molecular entre músculo y cerebro que controla ese impulso de hacer más ejercicio una vez que empezamos”, explica Sabio.

Estas proteínas, generadas por los músculos durante la actividad física, envían una “señal de aprobación” al cerebro, reforzando la motivación. De este modo, cuanto más se entrena, más se estimula el deseo de seguir haciéndolo.

Pero el sistema también actúa en sentido inverso. Las mismas proteínas se regulan entre sí para evitar que el impulso de ejercitarse sea excesivo y pueda resultar perjudicial para el organismo.


Una posible clave para entender la obesidad

Los investigadores destacan que este hallazgo tiene implicaciones importantes en el estudio de la obesidad y el sedentarismo.

“En las personas con obesidad hemos visto una inhibición de estas proteínas”, detalla Sabio. “Esto podría explicar, desde un punto de vista biológico, por qué a algunas personas les cuesta más ponerse en movimiento”.

Comprender este mecanismo abre nuevas posibilidades para diseñar estrategias más personalizadas de entrenamiento y tratamiento. De hecho, el descubrimiento podría ayudar a entrenadores y profesionales de la salud a ajustar los programas de ejercicio teniendo en cuenta la respuesta molecular de cada individuo.


Una nueva mirada sobre la motivación

El estudio refuerza la idea de que la motivación para hacer ejercicio no depende solo de la fuerza de voluntad o de factores psicológicos, sino también de la biología del cuerpo.

Como concluye Sabio, el hallazgo “confirma que el músculo no solo se mueve por órdenes del cerebro, sino que también le habla y puede influir en su comportamiento”.


🧬 En resumen: hacer ejercicio activa un circuito biológico que impulsa el movimiento, pero en algunas personas este sistema está inhibido. La ciencia empieza a entender por qué a veces cuesta tanto empezar… y por qué, cuando se logra, el cuerpo pide más.