Las redes sociales se consolidan como el principal canal informativo para los jóvenes españoles. Según un estudio reciente de Evercom, el 70,3 % de los menores de 30 años afirma recurrir a ellas para informarse, muy por delante de la televisión (57,8 %). Los formatos tradicionales pierden peso: solo el 17,6 % lee prensa y el 15,5 % escucha radio o pódcast.
Además, emerge un nuevo actor en el ecosistema informativo: el 16,4 % declara utilizar herramientas de inteligencia artificial (IA) para acceder a la actualidad.
Consumo intensivo y emocional de información
El estudio muestra un uso intensivo de redes sociales:
- El 47,6 % pasa entre tres y cuatro horas diarias conectado.
- Un 30,6 %, entre una y dos horas.
- Un 11,9 %, entre cinco y seis horas.
- Y un 6,6 % supera las seis horas al día.
Este consumo se produce en un ecosistema dominado por algoritmos, donde —según el informe— “la actualidad se filtra a través de dinámicas que premian el impacto y la emoción”. En ese entorno, las fronteras entre conversación y noticia, opinión y hecho, se diluyen.
Siguen a periodistas, pero verifican poco
Pese a la saturación informativa, el 60,9 % de los jóvenes sigue en redes a medios de comunicación o periodistas, lo que sugiere una búsqueda de referentes profesionales.
Sin embargo, los hábitos de verificación siguen siendo débiles:
- Solo el 13 % verifica siempre la información.
- Un 59 % lo hace a veces.
- Y un 25 % raramente.
Cuando deciden comprobar una noticia, el 60,8 % recurre a buscadores, el 39 % a medios de comunicación, el 36,1 % a familiares o amigos, el 35,3 % a redes sociales y el 26,6 % a herramientas de IA.
La desinformación pasa factura emocional
El 67 % de los encuestados admite que no puede confiar plenamente en la información que encuentra en redes, lo que genera desconfianza, fatiga y malestar emocional.
- El 55 % se siente confundido o decepcionado al descubrir que creyó algo falso.
- El 63 % siente frustración al ver cómo otros comparten bulos.
- Y el 42 % termina mentalmente agotado tras navegar por redes.
Como respuesta, un 31 % ha dejado temporalmente las redes por saturación y otro 40 % se lo ha planteado, una “autodefensa digital” que, según el estudio, podría aislar también de los espacios de información y debate.
Un problema cívico, no solo informativo
“La desinformación no es solo un problema de calidad informativa: es un problema de calidad de vida y de responsabilidad cívica”, afirma Irene de la Casa, directora general de Evercom.
“Cuando informarse se convierte en un ejercicio de sospecha constante, lo que se pierde es la capacidad para orientarse”.
Pese al desgaste emocional, los jóvenes aún distinguen fuentes más fiables: el 43,2 % confía en los medios tradicionales, frente al 34,2 % que confía en la información que circula en redes.
Además, la mayoría reclama formación específica contra la desinformación:
- El 63 % quiere aprender a identificar noticias falsas.
- El 80,4 % considera esencial distinguir entre información verdadera y falsa.
- Y el 83,5 % cree que detectar bulos protege su bienestar emocional.
Conclusión: entre la conexión y la desconfianza
El informe dibuja a una generación hiperconectada, crítica y emocionalmente agotada por la desinformación.
Como resume De la Casa: “Que los jóvenes se informen por redes no significa que rechacen el periodismo. Buscan nombres propios, referencias y criterios en un entorno que mezcla hechos, opiniones y entretenimiento en el mismo gesto”.
