El aumento de las mentiras y bulos en torno a la salud se ha convertido en un desafío significativo en la era digital. A medida que la información circula rápidamente a través de redes sociales y plataformas en línea, se vuelve más difícil distinguir entre hechos verificados y desinformación. Esto ha afectado tanto a la confianza en los profesionales de la salud como en la evidencia científica, especialmente en tiempos de crisis como la pandemia de Covid-19. La llamada infodemia, caracterizada por la propagación masiva de noticias falsas, ha contribuido a la desconfianza en las autoridades sanitarias y a generar pánico en la sociedad.

Desinformación en el ámbito de la salud:

  1. Pseudoterapias y tratamientos no comprobados: Las pseudoterapias y los tratamientos no científicos siguen siendo una fuente predominante de desinformación. Muchos de estos métodos no tienen base científica sólida, pero se difunden ampliamente, engañando a personas vulnerables que buscan soluciones rápidas para sus problemas de salud.
  2. Consejos sobre alimentación sin evidencia: Otro de los bulos frecuentes en la salud es el consejo alimenticio no respaldado por estudios científicos. La información incorrecta sobre dietas o suplementos puede poner en riesgo la salud pública, especialmente cuando se combina con la idea errónea de que todo lo natural es siempre beneficioso.
  3. Efectos negativos de la desinformación: La desinformación no solo perjudica la confianza en la ciencia, sino que también pone en peligro el derecho a una salud pública efectiva. Movimientos como el antivacunismo, que cuestionan la seguridad y eficacia de las vacunas, han ganado tracción, alimentando el miedo y contribuyendo a brotes de enfermedades prevenibles.

El auge de los «influencers» y la ciencia sin evidencia:

A medida que avanzamos hacia 2025, los «influencers» y creadores de contenido que promueven teorías pseudocientíficas se están apoderando del espacio público, a menudo eclipsando a científicos y profesionales sanitarios. Esta situación resalta un enfrentamiento entre el rigor científico y la confusión generada por la desinformación.

El papel de la educación y el pensamiento crítico:

Para contrarrestar esta ola de desinformación, es esencial promover el pensamiento crítico tanto a nivel colectivo como individual. Especialmente entre los jóvenes, quienes son los más expuestos a este tipo de contenido, es crucial fomentar la capacidad de cuestionar y detectar sesgos. Esto no solo es vital para la salud personal, sino también para la salud pública.

Un propósito para 2025: Tomar decisiones responsables sobre salud:

El propósito de este nuevo año debe ser fomentar un enfoque más responsable y basado en la evidencia sobre las decisiones relacionadas con la salud. Es fundamental tomar partido por una información veraz que permita a los ciudadanos actuar de forma informada, protegerse y contribuir al bienestar colectivo.

Conclusión: La lucha contra la desinformación en salud es una tarea que involucra a todos. Como sociedad, debemos defender el derecho a la información veraz, combatir los bulos y fortalecer las herramientas que permiten tomar decisiones informadas para mejorar nuestra salud y la de los demás.