Dicen que la Generación Z lo quiere todo rápido, que su atención es efímera y que sus relaciones (como sus redes sociales) están marcadas por la inmediatez y la superficialidad. Se les acusa de ser una generación desapegada, que prefiere el sexting al contacto real y los situationships al compromiso. También se habla de que han cambiado el concepto de pareja, que eligen vínculos más abiertos y que su forma de amar es menos romántica y más pragmática. ¿Será cierto? Una sexóloga habla del amor en los nativos digitales.

Fotografía por: pixabay
Dicen que la Generación Z es más consciente emocionalmente, que prioriza el consentimiento, la comunicación y el bienestar en sus relaciones. Que, lejos de evitar el compromiso, lo reconfiguran en sus propios términos, sin la presión de los modelos tradicionales. Y que, aunque han crecido en un mundo de pantallas, buscan conexiones auténticas más allá de la virtualidad.
Pero, ¿realmente la primera generación completamente digital ha reescrito las reglas del amor y el sexo, o simplemente las vive de una manera diferente? Para despejar estos mitos, hablamos con Mayra Gómez-Lugo, directora del SexLab y de la especialización en sexualdiad de la Fundación Universitaria Konrad Lorenz para tratar de entender cómo se relacionan emocional y sexualmente los jóvenes que crecieron en un mundo hiperconectado.

La Generación Z está compuesta por las personas nacidas aproximadamente entre 1995 y 2010 (aunque algunos estudios amplían el rango hasta 2012). Son la primera generación completamente digital, ya que crecieron con internet, redes sociales y teléfonos inteligentes desde una edad temprana.
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¿Por qué los jóvenes están dejando las apps de citas y priorizando el slow dating?
Cada vez más jóvenes están dejando atrás las apps de citas tradicionales y optando por el slow dating, una tendencia que prioriza relaciones más pausadas y auténticas. La fatiga emocional provocada por la sobrecarga de opciones y la superficialidad en las interacciones puede generar un creciente desinterés por el swipe constante y las conexiones fugaces.
Aunque muchos abandonan las plataformas digitales tras meses de frustración, un porcentaje termina regresando, atraído por la inmediatez y accesibilidad de estas aplicaciones.
Además, preocupaciones como la privacidad, los riesgos de las interacciones en línea y fenómenos como el ghosting y el curving han llevado a los jóvenes a buscar formas más seguras de conocer personas. En este contexto, el slow dating surge como una alternativa que reduce la ansiedad y puede fomentar vínculos más significativos, priorizando la compatibilidad emocional sobre la rapidez de las interacciones.
Algunas personas afirman que las apps de citas generan fatiga emocional y ansiedad. ¿Has experimentado o escuchado sobre estos efectos en quienes las usan?
Las aplicaciones de citas pueden generar fatiga emocional y ansiedad, principalmente debido a la sobrecarga de opciones y la superficialidad de muchas interacciones. Investigaciones han señalado que su uso frecuente se asocia con mayores niveles de depresión, emociones ambivalentes y problemas con la autoimagen, lo que puede afectar la salud mental, especialmente en los jóvenes.
Además, estas plataformas han sido vinculadas con prácticas violentas facilitadas por el anonimato y la ciberdesinhibición, permitiendo conductas como la manipulación de la identidad o el maltrato sin consecuencias visibles. Esto puede generar un entorno donde la empatía se diluye, aumentando la ansiedad, la sensación de soledad y afectando la autoestima de los usuarios. Desde el SexLab, hasta la fecha, no hemos encontrado estudios específicos sobre estos efectos en Colombia, pero sería relevante investigarlo en el contexto local para comprender mejor su impacto.
¿Cuáles son las diferencias de la Generación Z frente a otras generaciones? Si están descartando las apps de citas, ¿significa que es una generación que no descarta lo tradicional?
La Generación Z, la primera en crecer con internet y redes sociales como parte central de su vida, está redefiniendo la manera en que se relaciona afectivamente. Su aparente desapego de las apps de citas no implica necesariamente un retorno a modelos tradicionales, sino una búsqueda de conexiones más auténticas y significativas.
Algunos estudios sugieren que esta generación puede estar priorizando interacciones que les permitan construir vínculos con mayor profundidad, lo que explicaría el auge del slow dating. Esta tendencia no es universal. Desde el SexLab, se señala que no se puede afirmar que los jóvenes estén retomando lo tradicional, sino que, más bien, están explorando nuevas formas de conexión que integran lo digital y lo presencial, adaptando sus relaciones a un entorno más híbrido y dinámico.
Las aplicaciones de citas suelen ofrecer una gran cantidad de opciones en poco tiempo. ¿Este exceso de posibilidades afecta la calidad de las conexiones emocionales?
Sí, la amplia variedad de opciones en estas aplicaciones puede generar lo que en psicología se conoce como “paradoja de la elección”: demasiadas opciones pueden dificultar la toma de decisiones y reducir la satisfacción con las elecciones realizadas. Además, esta mecánica fomenta la despersonalización, donde las personas son vistas como perfiles a evaluar más que como individuos con los que conectar emocionalmente. La literatura científica ha señalado que este fenómeno contribuye a la fatiga emocional y al estrés asociado al uso de estas plataformas.
El slow dating promueve conocer a las personas de forma más pausada y consciente. ¿Qué ventajas crees que tiene este enfoque frente al uso de apps como Tinder o Bumble?
El slow dating ofrece una alternativa más pausada y consciente frente a las dinámicas aceleradas de las apps de citas, ayudando a reducir el agotamiento emocional y la sensación de despersonalización. Aunque estudios recientes han señalado efectos negativos en la salud mental de algunos usuarios de estas plataformas, las apps siguen siendo una herramienta útil para quienes buscan ampliar sus oportunidades de conexión. Esto sugiere que, más que un reemplazo, el slow dating representa una evolución en la forma en que las personas construyen relaciones, equilibrando lo digital con interacciones más auténticas.
Hoy en día, los espacios físicos como cafés, eventos o círculos sociales están cobrando fuerza como formas de conocer a alguien. ¿Los jóvenes están redescubriendo el valor de las interacciones cara a cara?
Sí, el auge de eventos sociales y espacios comunitarios muestra que los jóvenes están redescubriendo la importancia de la comunicación en entornos presenciales. Estos espacios permiten interacciones más espontáneas y menos mediadas por filtros digitales, lo que favorece una mayor conexión emocional y una disminución de la fatiga social. Según estudios recientes, muchos usuarios terminan abandonando las apps de citas debido a la incongruencia entre la rapidez de las interacciones virtuales y el ritmo necesario para construir relaciones significativas.
¿Cómo evolucionará el panorama de las relaciones en los próximos años? ¿Podrían las apps de citas adaptarse a esta nueva necesidad de conexiones más auténticas?
El futuro de las relaciones podría orientarse hacia un modelo híbrido donde las tecnologías digitales se combinen con estrategias que favorezcan conexiones más profundas. Las apps de citas podrían evolucionar implementando herramientas que prioricen la compatibilidad emocional sobre la apariencia física, promoviendo interacciones más conscientes y reduciendo la sobrecarga de opciones. Algunas plataformas ya están experimentando con funciones que fomentan conversaciones más significativas y encuentros fuera del entorno digital. Recomiendo que, especialmente para la Generación Z, el enfoque no sea encontrar pareja a cualquier costo, sino elegir lo que mejor se adapte a su bienestar emocional y salud mental. Lo importante es que las relaciones sean libres, consensuadas y sin dinámicas de violencia, priorizando siempre el equilibrio personal.