Flammkuchen, pizza, coca o empanada: todas son diferentes versiones del mismo principio, aprovechar el sobrante o sacar más rendimiento a la despensa, con una base hecha con harina y agua. La versión más sencilla es, seguramente, el flammkuchen, que se prepara en un momento y está delicioso. A pesar de no encontrarse entre las más renombradas del mundo, la gastronomía alemana tiene platos sencillos –o no tanto, como la tarta Selva Negra– y resultones que sacan buen partido a unos pocos ingredientes básicos. La crème fraîche es uno de esos elementos que les encanta a los germanos –y a mí–, convirtiendo esta versión híper sencilla de la pizza en una delicia.

Decimos híper sencilla sin exagerar ni un gramo: la máxima dificultad de esta receta reside en su nombre. El flammkuchen es originario de la región de Alsacia, que se extiende por el Suroeste de Alemania y el Nordeste francés, junto a Suiza. Si el alemán se te resiste, puedes llamarla por su denominación francesa, tarte flambée. Si bien la receta original cubre la masa con crème fraîche, cebolla, panceta y un poco de cebollino, como toda masa neutra hecha con harina, aceite, sal y agua –y una yema de propina en este caso–, las variaciones son infinitas.

Digamos que es como ese lienzo en blanco que puedes optar por convertir en una pieza figurativa, abstracta, cubista o de arte contemporáneo: en el último caso podrías poner lo que quieras sin importar el resultado. La masa no tiene ningún secreto, técnica ni ingrediente especial. Se prepara en 15 minutos, se deja reposar media horita, y se cuece en 15 minutos más. Digamos que, con algo de organización, en lo que tardas en ducharte te has apañado una pizza bien cuca.

Solo hay que prestar atención a una cosa: hacerlo todo ‘fino’. Extender la masa hasta que tenga un grosor de un milímetro aproximadamente, poner una capa de crème fraîche delgadita, cortar la cebolla también muy fina, y tampoco abusar del bacón. Hay recetas –a la española– que optan por el queso fresco o de untar en lugar de la crème fraîche: recomiendo usar esta última precisamente porque es más suave y ligera que el queso fresco y enmascara menos el sabor del resto de ingredientes. El que aquí os presentamos es ese flammkuchen alsaciano más clásico, pero nos han dicho que el de pera, nueces y gorgonzola, el de calabaza y chutney de mango, o la versión dulce de manzana, crème fraîche con zumo de limón y miel, y canela espolvoreada están fantásticas.

Tiempo: 60 minutos

Dificultad: La pronunciación de ‘flammkuchen’

Ingredientes

Para 2 personas

Masa

  • 220 g de harina de trigo
  • 3 cucharadas de aceite de oliva
  • 1 yema de huevo
  • Un pellizco de sal
  • 100 g de agua tibia

Cobertura

  • Crème fraîche (unos 80 g)
  • Panceta ahumada o bacon (unos 100 g)
  • Cebolla, preferiblemente tierna o morada (una o media, al gusto)
  • Sal
  • Pimienta recién molida
  • Cebollino picado (opcional)

Instrucciones

1. En un cuenco, verter la harina –se puede hacer un volcán para que el proceso sea más fácil–, el agua, el aceite, la yema y la sal. 

2. Mezclar todo bien hasta conseguir una bola. Amasar ligeramente sobre una superficie plana, envolverla en film y dejarla reposar media hora a temperatura ambiente. 

3. Pasado este tiempo, encender el horno a 250 ºC arriba y abajo.

4. Estirar la masa hasta que tenga un grosor aproximado de un milímetro. Mezclar la crème fraîche con un poco de sal y pimienta –yo la monto ligeramente para que tome algo más de consistencia– y aplicar una fina capa a la masa. 

5. Añadir la cebolla fresca o morada cortada muy fina y taquitos de panceta ahumada o bacón. 

6. Colocar en el horno y cocemos durante 10 minutos aproximadamente, hasta que el contorno del flammkuchen esté dorado o le salgan burbujas a la base. Una vez fuera del horno se puede añadir algo de cebollino muy picado (opcional).