El confinamiento y la agorafobia ¿Relacionados?

Setenta días con sus más y sus menos pero erosiona. Cuando hace sólo dos meses yo había superado mi agorafobia o creía haberlo hecho, el gobierno de España me prohíbe salir a la calle a cualquier hora.

En aquella ¿fase cero? salíamos sólo a la farmacia y por cercanía al Mercadona a hacer la compra. Fueron días difíciles. Todo el mundo estaba muy despistado. Aquellos primeros días parecían más bien el último de esta vida pues los primeros que entraban, los afortunados, llenaban sus carros hasta los topes… y que no falte el ¿papel higiénico? Si, todos salían cargados con sus paquetes de papel higiénico pero sin mascarillas ni guantes ni ningún tipo de medida para la no propagación del virus.

En esos primeros días yo iba a Mercadona con mi mascarilla, mis guantes, mi carrito de la compra… Esperaba mi turno fuera del establecimiento y me sentía bien. No mostraba signos de lo que ya había vivido durante más de ocho años: la agorafobia!

Poco a poco todo se fue normalizando. Había suministros de todo y no hacía falta acaparar como en aquellos primeros y penosos días. Iba también a la farmacia para las medicinas de mi padre y las mías. Y volvía a casa tardísimo.

Pero coincidí o vino a ofrecerse la joven vecina del tercer piso de mi casa. Se ofrecía a hacer la compra y a ir a la farmacia. Pasó por todos los pisos y todas las puertas.

Hasta ese momento no había tenido contacto con ella. Lo cierto es que no sabía ni como se llamaba. Hoy ya la considero una amiga y se llama Johanny. Siempre está disponible. El próximo lunes, con el paso a la Fase 2, vuelve a su trabajo y aún dice que tiene las tardes libres para ayudar.

Lo que ocurrió es que, al principio, era súper cómodo que te trajese la compra en mi carrito sin esperas y sin dar vueltas por Mercadona como pollo sin cabeza. Y también se llevaba la tarjeta sanitaria y me traía las medicinas.

Johanny comenzó a resultar una parte importante de mi vida.

Y llegó el día que iba a salir yo al estanco y…. poner los pies en la calle y entrar en modo de pánico. No notaba las piernas, veía todo muy brillante, me costaba respirar, notaba el corazón en la garganta y llegó el temible mareo. Volví al portal deprisa pero no sabía por dónde iba… Agorafobia.

¡¡Había vuelto la maldita agorafobia!!

El confinamiento me llevó a tiempos pasados en los que era incapaz de salir a la calle. Ahora vuelvo a las mismas: «no puedo salir de casa».

Este virus Covid-19 no me ha contagiado pero me ha robado mis avances en salud mental.

Vuelvo a ser dependiente. Cuándo nadie controlaba mis entradas y salidas, ahora era por orden del gobierno de España quién me empujó a salir y a no salir ateniéndome a la normativa.

Ahora hemos pasado a  la Fase 2 y todos tan contentos! ¿Contentos por qué? No tengo segunda residencia ni en la provincia ni fuera de ella. De haberla tenido tampoco hubiese ido.

No siento nada hacia la euforia del resto que se pavonea  de su salto de fase que no sé  si durará mucho pues las playas siguen atentadas de gente  y lo de las normas básicas de dos metros de distancia ni se cumplen ni se hacen cargo que, con su cabezonería, nos ponen a todos en peligro.

Yo voy a seguir intentándolo: salir al estanco como primer objetivo. Y mi segundo y gran objetivo que no sé si podré hacerlo es, ir a El Corte Inglés que ya abre sus puertas para devolver una impresora que compré y no la he necesitado, y la he tenido aquí de compañera toda la cuarentena.

¿Qué cómo afecta el Covid-19? A mí, que ni lo he pasado, me ha supuesto un retroceso en mi ansia de subir peldaños y llegar cuanto antes…

Tengo que empezar de nuevo… Hasta el coche me falta que, por obras y parón en la construcción, nos quedamos con el coche fuera y tuve que alquilar una plaza en el portal de más arriba de mi casa. Todo se me volvió en contra!!!

Pero aprenderé de esta nueva experiencia y lucharé por volver a ser la que era porque, cuándo algo va mal, se estropea el resto!!

Categoría: GENERAL Lunes 21 de Septiembre del 2020